jueves, 22 de abril de 2010

generalidades


La avicultura es la rama de la ganadería que trata de la cría, explotación y reproducción de las aves domésticas con fines económicos, científicos o recreativos.

Así pues, en su más amplio sentido la avicultura trata igualmente de cualquier especie de ave que se explote en las granjas para el provecho o utilidad del hombre. Sin embargo, esta denominación no es del todo correcta, pues, si se refiere a gallinas únicamente, debería hablarse de gallinocultura, si se habla de palomas es colombicultura -o colombofilia, si se trata de mensajeras-, si se habla de pavos es pavicultura, si se crían codornices será coturnicultura, paticultura en el caso de los patos, etc.

No obstante, en la práctica se aplica el término de avicultor y no “gallinocultor”, a todo aquel que se dedica a la explotación de gallinas mientras que se emplean también los restantes términos cuando la explotación abarca otras especies.

Dentro de la avicultura se incluye la cría de aves de adorno:

  1. Canaricultura: arte de críar canarios (Serinus canarius).
    1. Canaricultura de canto
      1. Roller
      2. Malinois
      3. Timbrado español
    2. Canaricultura de Color
    3. Canaricultura de Postura
  2. Silvestrismo: captura o cría de aves silvestres en cautividad (jilgueros, verderones, verdecillos, luganos, etc.).
  3. Cría de exóticos: cría de aves que son ajenas al país o región en cuestión (por ejemplo en Europa Estrildidae, Psittacidae, etc.).

Modalidades de la avicultura

De acuerdo con la naturaleza de las personas que la practican, la importancia de la explotación y las finalidades que se persiguen, se pueden establecer las siguientes modalidades de la avicultura:

Avicultura industrial

Es la basada en una explotación racional de las aves como negocio con el fin de obtener de ellas los adecuados rendimientos. Especializada actualmente en sus facetas de producción de carne, puesta o reproducción, se fundamenta en el empleo, sólo, de las razas y/o estirpes de aves que más han de convenir para los fines que se persiguen, en su explotación en unas instalaciones adecuadas, en alimentarlas racionalmente con raciones bien equilibradas y en cuidarlas o manejarlas con unas técnicas muy estudiadas con el fin de optimizar esos rendimientos.

Avicultura campera


Cría campera de patos en una granja.

Es la que aún se practica en medios campesinos, aunque cada vez más reducida en número y en su incidencia en el total de la producción de la mayoría de países. Se basa, en general, en la explotación de gallinas de razas o tipos mal definidos, alojadas en un corral y con salida a una extensión más o menos reducida de terreno, alimentadas con parte de pienso y/o granos de la propia finca, aparte de lo que ellas mismas puedan hallar en el campo, no sometidas a ningún cuidado racional, etc.

En ocasiones se introduce algún elemento racional en este cuadro, como sería el trabajar con aves de raza, el alimentarlas con piensos compuestos, etc. De todas formas, por la propia naturaleza de la explotación y por el corto número de efectivos con que cuentan las granjas -en general sólo unas pocas docenas de gallinas- no tiene más finalidad que el autoconsumo de huevos y carne de pollo de la propia familia y, todo lo más, para la venta en el mercado local de sus excedentes estacionales.

Avicultura recreativa

Es la que practican a nivel de afición o "hobby" algunas personas que, amantes de las aves y sin perseguir generalmente ningún beneficio industrial, se dedican a la explotación y reproducción de razas hoy consideradas como “exóticas” o, al menos, diferentes de las que se emplean en la avicultura de granja.

Quienes a ello se dedican suelen tener un corto número de aves en su finca de recreo, generalmente de razas ornamentales, cuidándolas de forma parecida a la que haría un parque zoológico, es decir, en general con un fin no utilitario. Ello no quita, sin embargo, para que ciertos avicultores aficionados” no puedan obtener unos pequeños ingresos con la venta de las aves de raza que reproducen.

Avicultura científica

Es la que tiene por base el estudio y la investigación, pura o aplicada, sobre las gallinas. Las personas que la practican son científicos y técnicos de diversa titulación, operando en Universidades, Laboratorios o Centros Experimentales que intentan profundizar en el conocimiento de diversos aspectos de las gallinas domésticas.

Los campos de estudio y experimentación son muy diversos, por más que los más frecuentes sean los de la nutrición, la patología, la genética, el medio ambiente, la tecnología de los productos, etc.

En realidad se trata de una avicultura restringida a muy pocos centros y personas aunque es la base de la avicultura industrial antes referida. De no ser por ella no se avanzaría, año tras año, en la consecución de los mayores rendimientos de las aves, notándose sus efectos de forma inmediata en aquellos países que, por su estructura económica en general, dedican una parte importante de su presupuesto -en éste o en otros campos- a la investigación.

Breve historia

Haciendo un brevísimo bosquejo del desarrollo de la avicultura hasta nuestros tiempos, hay que remontarse a los egipcios como el primer pueblo que, ya en épocas faraónicas, prestó una cierta atención a las gallinas y a los patos como fuentes de alimentación, incluso incubando artificialmente sus huevos en lugares semi -subterráneos mediante el calor producido por el estiércol de camello. Las ocas, concretamente, eran consideradas por los egipcios de unos 1.500 años a. de J.C. como un manjar de clases privilegiadas.., aunque también víctimas de sacrificios a los dioses.

Griegos y romanos, posteriormente, fueron quienes dieron un cierto impulso a la cría de gallinas, gansos y otras especies, tratando de ellas Aristóteles, Catón, Varrón, Columela, etc. Fue sin duda éste último, gaditano de nacimiento, quien, en su “De re rústica” y concretamente en uno de los 12 tomos que la componían, escribe un verdadero tratado de avicultura, con descripción incluso de ciertas técnicas de crianza que, a nivel campesino, se estuvieron utilizando hasta casi el pasado siglo.

Más tarde y aún dentro del oscurantismo medieval, otro español, el musulmán sevillano Abu Zacharia, en su “Libro de la Agricultura” dedica una amplia extensión a la explotación de las aves domésticas, haciendo gala de una cultura avícola muy superior a la que se tenía a la sazón -siglo XII-en la Europa central.

Ya en la edad moderna, en 1532 el licenciado Gabriel Alonso de Herrera publica en Toledo un “Tratado de agricultura general” con amplios detalles de interés científico para la explotación de las gallinas. El posterior libro sobre agricultura de Fray Miguel Agustín -1717- no puede igualársele, siendo más de tipo anecdótico o curioso que práctico.

Sin duda alguna, la obra de obligada cita para cualquiera que investigue la historia de la avicultura es la del aragonés Francisco Dieste y Buil -~ 1781? -, tanto porque no se contenta con recoger las enseñanzas de sus antepasados como por añadir muchas observaciones de su propia experiencia. Más tarde -1844- el veterinario Nicolás Casas amplia la obra de Dieste y Buil con su “Tratado de la cría de aves de corral’, ya basado en unos criterios zootécnicos más completos.

Con todo ello, hacia fines del siglo pasado se empezaba a crear una conciencia en muchos países europeos de la importancia de la avicultura como industria, destacando al respecto Gran Bretaña, Francia, Bélgica, etc. En Francia, concretamente, las primeras incubadoras con calefacción artificial datan de épocas de Reaumur, aunque no cabe duda de que en el proceso de creación y depuración de las modernas razas de gallinas que más adelante han poblado nuestros gallineros ha tenido el mayor mérito Inglaterra, como lo tuvo también en el desarrollo de la moderna ganadería.

En España [editar]

Su población aviar estimada por Salvador Castelló a fines del siglo pasado no pasaba de los 20 millones de cabezas, excluyendo las palomas, indicándonos él mismo que la primera incubadora artificial se importó en 1877.

El despertar avícola español es, fundamentalmente, obra de Salvador Castelló, con la creación por éste, en Arenys de Mar, de la Escuela de Avicultura y la Granja Paraíso a ella anexa, aquélla teniendo casi inmediatamente el reconocimiento oficial de “Real” y ésta que fue durante muchos años la más importante granja de selección de nuestro país. Era el año 1896, en el que nacería también la primera publicación periódica sobre avicultura en castellano, “La avicultura práctica” y que sería seguida, con el tiempo, por las otras revistas que desde entonces ha ido editando la Real Escuela de Avicultura: “Mundo Avícola”, “Temas avícolas” y, últimamente, “Selecciones Avícolas”.

Si, a nivel español, puede decirse que la avicultura se fue moviendo en el primer tercio de este siglo dentro de las estrecheces propias de la época, el desabastecimiento de materias primas como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y los bruscos golpes de timón con que pretendían orientarla los diferentes Gobiernos que se iban sucediendo, a nivel internacional y científico hay que consignar algunos hechos importantes.

El primero de ellos fue la creación, en 1912, de la Asociación Mundial de Avicultura Científica, que ya en 1921 celebraría en La Haya (Holanda) su primer Congreso Mundial, al que luego seguirían los restantes que han tenido lugar hasta nuestros días, primero a intervalos de 3 años y luego de 4. No cabe ninguna duda de que esta Asociación ha contribuido enormemente al desarrollo de la moderna avicultura en todo el mundo.

Los años 20 presenciaron los primeros intentos de crianza a nivel industrial y en gallineros cerrados, gracias al empleo del aceite de hígado de bacalao como fuente de vitaminas A y D. A ello seguirían luego -en los años 30 a 40- el descubrimiento y aplicación comercial de la mayor parte de vitaminas y oligoelementos en los piensos, posibilitándose de esta forma la crianza industrial de los pollitos.

El descubrimiento de la técnica del sexaje de los pollitos, en 1921, posibilitó los primeros intentos por la cría separada de machitos para la producción de carne y la de hembritas, para la puesta, por más que en los primeros tiempos no se trabajara con las razas o estirpes más adecuadas para lo primero. En general, había que llegar hasta los años 50 en Estados Unidos y poco después en Europa y en España -concretamente en ésta en 1959- para que, diferenciándose ya claramente aquellas razas de gallinas aptas para la producción de una gran cantidad de huevos de las que, por su rápido crecimiento, eran idóneas para la producción de carne, se estableciesen las bases de la moderna industria avícola tal como se conoce en nuestros días.

Entretanto, aunque frecuentemente suelen olvidarse, debe citarse el tremendo desarrollo que ha tenido la industria del pavo en Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, Israel y otros países, en los cuales esta carne se presenta como una interesante alternativa para la del pollo y dejando de estar circunscrito su consumo sólo al tradicional de Navidad. En cambio, pese a que algún país como Francia, con una tradición gastronómica muy importante, ha conseguido situar las producciones de algunos otros tipos de carnes de ave -pintada, pato, ganso, etc.- en un lugar destacado, la verdad es que en este campo hoy todavía queda mucho por hacer.

Estructuración actual de la avicultura

En comparación con la avicultura de los años 50, la industria avícola actual es algo tan sumamente especializado que ya se parte siempre de la base de dedicarse sólo a una faceta u otra de la misma, pero no a varias. Ello tiene como principales ventajas las siguientes:

Mediante la especialización, uno puede dedicar todos sus esfuerzos y conocimientos a tan sólo una faceta productiva (carne, puesta o reproducción) olvidándose de las otras, con lo que tiene una mayor profesionalización.

Al fijarse como objetivo el no concentrar en una misma granja aves de diferentes edades o procedencias, el control de las enfermedades es mucho más simple, evitando riesgos de infecciones cruzadas.

Con estas bases, se comprende que hoy la avicultura -al menos la “industrial” aquí tratada- no se considere ya una actividad complementaria de la agricultura sino como algo totalmente independiente. De esta forma, el montar hoy una granja avícola es una actividad económica como la de cualquier otra empresa, aunque naturalmente con sus propias peculiaridades.

El avicultor no puede pues considerarse simplemente como un operario o “manejista” de sus aves, sino como empresario. Y ello supone tener unos buenos conocimientos en:

  • Las bases económicas de cómo llevar un negocio.
  • La estructura de los mercados avícolas nacionales.
  • Los aspectos fiscales y laborales de un negocio.
  • La tecnología de la producción considerada.

Todo ello es muy complejo, requiriendo una buena dosis de sentido común, una cierta práctica comercial y el saber estar al día en los cambios tecnológicos tan rápidos que se producen en un sector tan dinámico como es la avicultura.

Desde el punto de vista de la especialización antes aludida de las empresas avícolas actuales, se pueden englobar en tres grandes grupos:

Producción de huevos

Bien sean éstos blancos - procedentes de gallinas de plumaje blanco, de tipo Leghorn- o de color -puestos por aves de color, de un peso algo superior y con base en las razas New Hampshire o Rhode Island-, son producidos en general en granjas dedicadas exclusivamente a ello, para lo cual, no teniendo reproducción, no precisan disponer de gallos.

El período de producción de las gallinas es de un año o poco más a partir del inicio de la puesta -sobre las 20 semanas de edad- y la explotación de las gallinas tiene lugar por lo general en instalaciones equipadas con baterías, sistema preferible al de explotación sobre yacija por la racionalización del trabajo que supone.

Producción de carne

Parte de la crianza hasta unas 7 semanas de edad de pollitos de ambos sexos procedentes del cruce de dos razas -la Cornish y la White Rock- cuya característica básica es tener un rápido crecimiento y unas grandes masas musculares. La explotación, por lo general, se realiza siempre sobre yacija y una empresa de este tipo puede llevar a cabo 5 o 6 crianzas anuales de broiler, -nombre de origen inglés e internacionalizado modernamente para designar a tal tipo de pollo-, tras un período de limpieza de unas 2 semanas entre cría y cría.

Reproducción

Es el paso anterior a las granjas de producción que se han citado, cabiendo pues referirnos a ella, en virtud de la también aludida especialización, como una granja de reproducción para carne o para puesta.

Las granjas de reproducción deben contar pues con animales reproductores -generalmente en la proporción de 1 macho por 10 hembras-, que, apareados durante un período de un año o poco menos en gallineros sobre yacija, producen huevos fértiles que, incubados, luego darán nacimiento a pollitos con una aptitud u otra. Tienen que disponer así de una planta de incubación, preferiblemente y por razones sanitarias situada en un lugar distinto de la propia granja.

En ocasiones, para poder vender pollitas «a punto de puesta» a granjas que sólo se dediquen en exclusiva a la producción de huevos, las de reproductoras -también conocidas por granjas de multiplicación- trabajan en colaboración o disponen ellas mismas de granjas de recría. La misión de éstas es pues la de recibir pollitas de un día de edad, aptas para la puesta y criarlas hasta la edad en que serán vendidas a las granjas de producción de huevos.

Como actividades avícolas indispensables para el funcionamiento de este complejo engranaje se precisa, además, la existencia de estas otras facetas:

1. Las granjas de selección. Son aquéllas que se dedican a la formación y a la mejora de estirpes de aves de un tipo determinado dentro de un programa de mejora genético definido.

Si bien en los principios de la avicultura industrial eran muchos los avicultores que se dedicaban a la venta de animales de «selección», los elevados conocimientos en genética animal que se requieran para ello, la compleja organización técnico-comercial involucrada -operando a un nivel multinacional- y los grandes medios económicos consiguientes han hecho que en los últimos años las verdaderas granjas de selección se hayan ido reduciendo cada vez más. De esta forma, hoy las empresas que pueden definirse como tales en todo el mundo son relativamente muy pocas, estando integradas muchas veces dentro de grandes grupos financieros, bien de tipo estatal, bien con ligazones en las industrias farmacéuticas o de la alimentación, etc.

Las granjas de selección suelen tener distribuidores o exclusivistas para la venta de sus productos en determinados países o zonas geográficas. Estas son las granjas de reproducción o multiplicación antes citadas.

Y, naturalmente, el avicultor independiente que con sus propios medios desee adentrarse en este campo de la selección tiene muy pocas posibilidades de salir adelante en ello ya que siempre le faltarán, si no los conocimientos que tiene el gran seleccionador, al menos los medios de que dispone éste.

2. Los mataderos de aves. A diferencia del huevo, producto que la gallina ya nos da “envasado” y por tanto no requiere transformación alguna, el pollo precisa pasar necesariamente por un matadero para su procesado. La posibilidad de vender los pollos en vivo para que el comprador los sacrifique en su domicilio está totalmente descartada en los países desarrollados, tanto por la propia legislación como por los actuales hábitos de vida.

Por consiguiente, en todo caso es precisa la existencia de unos mataderos de aves que, con mayor o menor sofisticación, someten a éstas a todas las operaciones necesarias -sacrificio, desangrado, evisceración y ulterior preparación y/o troceado, si se requiere- para su comercialización. Ello se realiza generalmente en instalaciones cada vez mayores y más automatizadas, que se encargan después de la distribución comercial de las canales o de las partes del pollo así preparadas.

3. Las fábricas de piensos. Es otro eslabón necesario en la actual estructuración de la avicultura. Si bien siguen existiendo aún avicultores que fabrican en sus propias granjas el pienso para sus aves, cada vez son menos, acudiendo la mayoría de ellos a la adquisición en una fábrica adecuada de los productos que precisan en función de la edad o del tipo de aves con que trabajan. Esas fábricas de piensos tienen que disponer así de un nutrólogo para la confección de raciones equilibradas, de un adecuado servicio de compras de primeras materias -operando incluso en los mercados internacionales-, de unas adecuadas instalaciones para poder molturar, mezclar, granular o someter a todo tipo de operaciones los productos fabricados, de un buen servicio post-venta para la asesoría de los clientes y, en suma, de una compleja estructura técnico-comercial. Debido a ello, en muchas ocasiones se hallan controladas por grandes firmas multinacionales del ramo de la alimentación.

Por otra parte, debido a la presentación de crisis periódicas en los mercados avícolas, -especialmente en el de la carne de pollo- que acarreaban la ruina para los criadores, muchas fábricas de piensos han tenido que recurrir a la llamada fórmula de la integración. Por el momento baste saber que ésta se caracteriza por el suministro al granjero por parte de una gran organización -generalmente con base en la fábrica de piensos, aunque a veces también en el matadero- del pollito de un día, del pienso necesario para su crianza y de todo el asesoramiento preciso para ésta, finalizada la cual el avicultor percibe un tanto fijado previamente por su trabajo más una suma variable en función de los resultados de la cría.

4. La industria farmacéutica. La avicultura depende de ésta para el suministro de tres tipos de productos bien diferenciados:

  • Los biológicos, es decir, las vacunas que, aplicadas a las aves, previenen la presentación de diversas enfermedades.
  • Los farmacológicos, es decir, aquellas drogas o medicamentos que, bien a través del pienso o bien a través del agua de bebida, se suministran a las aves para prevención o tratamiento de determinados procesos patológicos.
  • Los correctores para los piensos, grupo muy heterogéneo de substancias que engloba desde las vitaminas y oligoelementos minerales, de necesaria incorporación a todo tipo de raciones, hasta los antioxidantes, los antifúngicos, los pigmentantes, etc., adicionados también a las mismas en numerosas ocasiones.

5. La fabricación de equipos avícolas. La moderna avicultura, dotada de una alta tecnología y eficiencia en todos los aspectos, difícilmente podría operar sin el concurso que le prestan los fabricantes de equipos avícolas. De esta forma, desde la nave prefabricada, la incubadora industrial, el más simple comedero-tolva o el más complejo comedero automático, la batería de puesta, los aparatos para vacunar o desinfectar, etc., los útiles que deben hallarse a disposición del avicultor para una mayor eficiencia en el trabajo son numerosísimos. Y, nuevamente aquí, al lado de empresas pequeñas que producen tal vez sólo determinados equipos, comercializados a nivel local, existen las grandes multinacionales que, con una tecnología de punta, investigan y producen aquellos útiles dotados de una máxima automatización.

Interés social de la avicultura

Con sus 33 millones aproximados de toneladas de carne de ave y sus 31 millones de toneladas de huevos, puede decirse que la población mundial tiene actualmente unos consumos verdaderamente importantes de una cosa y otra: unos 7 kg de la primera y unas 15 unidades de los segundos, por persona y año.

Sin embargo, al lado de estos consumos mundiales medios, existen considerables diferencias entre los distintos países y así, mientras en algunos de ellos -Israel, Estados Unidos, Francia, la misma España, etc.- las cifras «per cápita» y año se sitúan entre los 20 y los 30 kg de carne de ave y por encima de los 250 huevos, en otros -la mayoría de los considerados “en vías de desarrollo”- tienen unos consumos mucho más bajos.

Considerado globalmente, es decir, incluyendo las otras carnes de aves y el pollo, el consumo de carne de ave ha ido creciendo a un ritmo de un 3% anual en los últimos 10 años. Y en cuanto al consumo de huevos, su crecimiento ha sido paralelo, también del orden del 3% anual.

En general, el interés de la producción avícola para cualquier país estriba en:

  • Que se pueden poner a disposición del consumidor unos productos alimenticios con la mejor relación calidad/coste de cuantas producciones proteicas existen. Y, en efecto, tanto los huevos como la carne de pollo se hallan reconocidos universalmente como alimentos de primer orden para el hombre, cubriendo una parte muy importante de sus necesidades en calorías, proteína, vitaminas, minerales, etc.
  • Que las inversiones a realizar para unas producciones determinadas son mucho menores que las que se precisan para el montaje de cualquier otra explotación ganadera.
  • Que el montaje de una granja avícola, del tipo que fuere, es mucho más rápido también que el de cualquier otra faceta de la ganadería, considerando el tiempo transcurrido desde la puesta de la primera piedra hasta la salida de los primeros productos.
  • Que generalmente no existen “tabúes” religiosos o sociales que condicionen el consumo de los productos avícolas, como sucede a veces con algunos productos ganaderos -el cerdo o el vacuno en algunos países.

No obstante, en contra de estos factores, todos ellos predisponentes a una mayor expansión de la avicultura, no se puede ocultar la existencia de otros aspectos negativos para un aumento en el consumo. Entre ellos se cuentan:

  • Para el huevo, los diferentes hábitos de vida de las nuevas generaciones
  • la mujer trabajando fuera de casa y el querer ensuciar menos utensilios favorecen, por ejemplo, el desayuno con cereales-, el problema del colesterol - que está contenido en él en cantidades importantes y al cual se culpa, entre otros, de las enfermedades coronarias-, otras falsas creencias pseudomédicas -el creer que perjudican al hígado o que no convienen a los niños, por ejemplo-, etc.
  • Para el pollo, la defectuosa información periodística que frecuentemente se ha vertido sobre él -por hacerse creer, irresponsablemente, que se alimenta con hormonas, antibióticos e incluso productos de «plástico» y que se cría en baterías, lo cual no es cierto-, el cansancio que tiene lugar cuando su consumo escala unas cotas ya elevadas, el aspecto negativo que tiene socialmente el ofrecerlo hoy en determinadas ocasiones -lo que va unido a lo anterior-, etc.

Y, en general, los sentimientos humanitarios de unos sectores de opinión cada vez más amplios que, comenzando por los países anglosajones, han ido extendiendo su influencia al criticar a la producción la explotación de unas gallinas en batería, el confinamiento de los pollos en naves de ambiente controlado con luz artificial, etc.

Método para el estudio de la avicultura

Si bien al principio se ha indicado la existencia de una avicultura recreativa -denominada también, a veces, “deportiva”-, a continuación se hará referencia sólo a la avicultura industrial o de granja. En este plan, es decir, a nivel utilitario o como empresa que ha de dar los máximos beneficios, se puede decir que la productividad avícola se asienta sobre 4 pilares básicos:

  1. Aves de máxima calidad genética
  2. Alimentación racional
  3. Alojamiento confortable y manejo correcto.
  4. Plan adecuado de prevención de enfermedades.

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